Niños contra hombres

10 enero 2010 por

El Valladolid vuelve a las andadas y cae con estrépito ante el Atlético (0-4)
Nivaldo y Villar tras un gol colchonero.
Mendilibar comentó el pasado jueves que en los últimos partidos el Pucela era más fiable en su juego, más consistente. Y era verdad. Pero los blanquivioleta no fueron capaces de mostrar su mejor cara ante el Atlético de Madrid y eso supuso una dolorosa goleada en Zorrilla. Dolorosa y justa, por cierto.

El técnico de Zaldibar dejó varias frases que merecen ser destacadas. “Si no somos un equipo no podemos ganar a nadie”; “hemos sido un equipo de niños contra un equipo de hombres”; “hemos sido de mentira”; “la mejor plantilla en los últimos tres años y estamos haciendo el indio un día tras otro”… Fue una comparecencia tensa en la que Mendilibar mostró su enfado abiertamente.

Amaia Montero y Gonzalo Miró.

Zorrilla contó con la presencia en el palco de Gonzalo Miró y la ex-vocalista de La Oreja de Van Gogh Amaia Montero.

El Atlético desnudó todas las carencias del Real Valladolid, un cuadro desalmado, triste como las tardes de enero. Todas las líneas se desmoronaron y nadie, ni siquiera Diego Costa, encontró su momento. El Real Valladolid sometió a sus seguidores a una tortura en forma de juego deslavazado y nula personalidad. La crisis rojiblanca cambió de bando en un pispás y el Real Valladolid se convierte oficialmente en la cura eficaz de todos los equipos tocados.

Mendilibar volvió a apostar por el 4-2-3-1, con Bueno de enganche y Canobbio tirado a la izquierda. Eso sobre el papel, porque pronto comenzaron las permutas. Nauzet Alemán se fue deshaciendo con los minutos hasta que exasperó al técnico. Deambuló por la derecha, buscó alguna opción por la izquierda y acabó en el centro antes de que Mendilibar le mandara a la ducha.

Forlán celebra su tanto.

Forlán llegaba al partido con la titularidad en duda y discutido por la falta de puntería. Le bastaron 45 segundos para tocar dos balones, y en poco más de media hora espantó los fantasmas de su falta de gol.

El equipo colchonero se dio cuenta pronto de que jugaba un partido balsámico. La defensa adelantada del Real Valladolid se convirtió en un chollo para los atacantes rojiblancos. Un desajuste defensivo dio las primeras alas al Atleti, ordenado en todas sus líneas. Quique Sánchez Flores colocó a Reyes en la banda izquierda, su lugar natural y dio carrete a Simao por la derecha. Entre los dos volantes se bastaron para quebrar la inestable defensa del Real Valladolid. El balón de Simao cruzó el aire, llegó a Reyes que campaba a sus anchas por su banda y a Jurado sólo le bastó empujar el balón.

El juego blanquivioleta empezó a difuminarse. La descoordinación era tal que en un par de jugadas los futbolistas del Real Valladolid chocaron entre sí en la pugna por el balón. Forlán complicó las cosas en un nuevo desaguisado blanquivioleta. El charrúa, aún a medio gas, rompió la zaga, ganó en carrera a Nivaldo y fusiló a Justo Villar. Mendilibar decidió entonces cargarse a Nauzet y dar entrada a Marquitos. Esto obligó a un nuevo baile de posiciones. Canobbio ejerció de mediapunta y Bueno se perdió como volante mientras Costa buscaba su papel.

Sergio Asenjo con problemas musculares.

Los blanquivioleta apenas inquietaban a Sergio Asenjo, más preocupado de sus molestias musculares en forma de gemelos rebeldes que de las acometidas pucelanas.

El brasileño vivió un partido tormentoso, lejos de sus actuaciones estelares. Su presencia, tantas veces ensalzada, pasó totalmente inadvertida, bien sujeto siempre por los centrales del Atlético. Especialmente Domínguez, que ofreció un recital. Costa no tuvo tiempo ni de desesperarse. No encontró ni una mínima grieta por la que asomarse al escenario. Jugó en la misma línea deprimente del equipo. Sin Costa ni escudero alguno en al ataque, el Real Valladolid apenas inquietó a Sergio Asenjo.

El Real Valladolid, cada vez más apático, había decidido rehabilitar a los rivales que más lo necesitaban. Reyes, de vuelta para el fútbol, anotó su correspondiente gol desde fuera del área. El sevillano no marcaba desde el Pleistoceno, pero Zorrilla estaba de rebajas.

Marquitos, a la media vuelta, dejó flotando un solitario ‘huy’ en Zorrilla.

Marquitos, a la media vuelta, dejó flotando un solitario ‘huy’ en Zorrilla.

Con el 0-3, Iturralde reivindicó su cuota de protagonismo. El histriónico colegiado comenzó a mostrar amarillas como un desaforado. Canobbio cayó en el área y se llevó la amonestación. Nivaldo y Pelé también recibieron tarjetas: ambos cumplen ciclo y no jugarán en Santander.

Pero lo más escandaloso sucedió con un claro penalti de Valera a Marquitos. El lateral arrolló por detrás al extremo, pero Iturralde consideró que Marquitos era un gran actor que había engañado a todos los que presenciaban el partido menos a él y decidió amonestar al blanquivioleta ante el estupor de todos los presentes.

Salió Agüero, recién recuperado de una lesión. El Kun tampoco encontró excesivas dificultades para celebrar su vuelta a la competición. Su gol en el minuto 89 puso el último clavo en el ataúd blanquivioleta. El Real Valladolid, convertido en la caricatura habitual de los últimos tiempos, se limitaba a pasarse el balón en el medio del campo sin convicción y sin ideas, esperando que algún jugador con distinta camiseta les quitase el esférico.

Iturralde sanciona a Marquitos.

A Mendilibar no le valieron las decisiones de Iturralde como excusa. «Es verdad que sin nos pitan el penalti de Marquitos… pero con 0-4, qué voy a decir. No me puedo meter en berenjenales arbitrales cuando el desastre somos nosotros».

El discurso de Mendilibar no cala en esta plantilla. El tiempo transcurre y el Pucela sigue falto de liderazgo. Urgen soluciones. ¿Qué se podría intentar? Pues sencillamente juntarse mas en posiciones defensivas, igualar los emparejamientos en el centro del campo, reforzar la ayuda a los centrales con un volante próximo y de criterio, Álvaro Rubio por ejemplo, y finalmente explotar el potencial humano, en lo que a jugadores talentosos se refiere, dando entrada de manera continua y permanente a Medunjanin y Bueno para que junto a Costa formen el esqueleto del juego ofensivo.

Claramente, me parece un error el no dar continuidad en las alineaciones a los buenos futbolistas, esgrimiendo como explicación la pérdida de sitio o la flojedad en la disputa. No puede ser que en fútbol se pueda alinear juntos a tres mediocres y, por contra, los cánones no permitan alinear a tres buenos. Tengo la sensación de que Messi, Iniesta y Xavi no jugarían juntos en Zorrilla por bajitos o por malos defensores. Y no nos olvidemos que para nosotros Bueno, Medunjanin y Costa son el equivalente azulgrana.

Vía | Canal Pucela.

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