Miedo a ganar

1 marzo 2010 por

Una vez más, el Valladolid es incapaz de conservar la victoria y acaba derrotado.
Sesma se lamenta.
Hoy se puede decir que el Real Valladolid está más cerca de la segunda división. Su derrota ante el Mallorca y la victoria del Zaragoza en Getafe hacen que la salvación esté ya a cuatro puntos. Una corta distancia si tenemos en cuenta que todavía quedan 14 jornadas por delante, pero que parece insalvable dado el juego que está desarrollando el equipo de Onésimo.

La semana pasada ante el Osasuna pareció que el equipo daba señales de vida, pero ayer en Zorrilla dio un enorme paso hacia atrás. Por tercera vez consecutiva, el Valladolid consigue lo más difícil: adelantarse en el marcador. Y por tercera vez consecutiva no logra mantener el resultado para obtener una victoria.

Pero lo peor es que, una vez más, el Real Valladolid mostró ante su público su peor cara. Al igual que el niño que pretende no defraudar a su padre bajo su atenta mirada, los jugadores del Valladolid salen al césped del Zorrilla con nerviosismo, como diciendo “espero no cagarla”. E irremediablemente, la cagan.

Una vez más algunos jugadores se empeñaron en dar la razón a Mendilibar. Mendunjanin, que recobró la titularidad, demostró de nuevo ser un jugador sólo para los 20 últimos minutos. Bueno, a pesar de ser el autor del tanto local, no mostró tener aspiración alguna. No pelea, no corre por el balón y baja los brazos con demasiada facilidad. Sesma, Manucho y Nauzet siguen en su línea. Sin aportar gran cosa al resto del equipo.

El Mallorca por su parte llegó a Zorrilla con la aparente intención de irse con el 0 a 0 de vuelta para las islas. Como si Gregorio Manzano no quisiera hacer daño a su amigo Onésimo y hubiese dado instrucciones a sus chicos para que no fuesen excesivamente duros. Y durante más de la mitad del encuentro, así parecía, dada la poca prisa que tenían y las pocas ansias de balón que demostraron. Pero así, como quien no quiere la cosa, sin atacar demasiado y sin un Valladolid que los achuchase, los de Manzano manejaron el balón a su antojo durante toda la primera parte.

En la segunda parte One hizo un doble cambio. Carlos Lázaro salió en lugar de Sesma, para de esta forma recuperar un centro del campo que el Valladolid había perdido por completo, ya que un descolocado Haris Mendunjanin dejó a Borja solo peleándose con medio mundo. Onésimo retiró también a un negado Manucho que terminó la primera parte del encuentro abucheado por dos absurdas pérdidas de balón cuando estaba prácticamente solo ante el portero. Increíble me parece que a este señor se le considere jugador de fútbol cuando es incapaz de manejar el balón con los pies. ¡Y nos quejábamos de Goitom!

En su lugar salió Diego Costa, al que había reservado en la primera parte por su reciente lesión. Los cambios surtieron efecto, y el Valladolid salió al terreno de juego con hambre de balón, y con ganas de llevarse el encuentro. Keko demostró de nuevo ser un excelente jugador. Nadie en el campo luchó como él, corriendo de arriba abajo como si no costase, ofreciéndose todo el rato y moviendo el balón de una manera excepcional. Y además, sirviendo en bandeja el único tanto blanquivioleta.

Tras un rechace del cancerbero bermellón a un lanzamiento de Asier del Horno, recogió el esférico Keko, dribló a un par de defensas y se lo entregó a Bueno para que tan solo tuviera que empujarlo contra la red. Era el minuto 49 y parecía que el Valladolid por fin reaccionaba. Durante algunos minutos la grada pensó que la primera victoria de la era de Onésimo iba a ser una realidad, porque el Valladolid lejos de agazaparse continuó atacando y dominando el encuentro ante la pasividad de un Mallorca, al que poco parecía importarle ir por detrás en el marcador. Como si ya supiesen de antemano lo que iba a ocurrir.

Pudo sentenciar Diego Costa en el minuto 60 con un lanzamiento increíble que desvió Aouate con una prodigiosa mano, pero sería el Mallorca el que finalmente empatara nueve minutos después. Hasta ese momento la defensa vallisoletana se había mostrado contundente con unos más que correctos Arzo y Baraja. Pero el destino quiso que el balón procedente de un saque de esquina llegara al hombre que cubría Borja justo en el instante en que él resbaló. Rubén, completamente solo, cabeceó a la red sin que Justo Villar pudiese hacer nada por evitarlo.

Tras el gol bermellón, Onésimo cometió probablemente el gran error del encuentro. Retiró del terreno de juego a Mendunjanin, que no había hecho mucho en el partido, y metió a Nauzet Alemán, cambiando a Keko de banda, con lo que perdió a los dos. A Keko porque por la izquierda no pudo hacer mucho, y porque Nauzet nunca ha hecho nada, y no iba a ser la excepción. Como alguien dijo alguna vez, “ni está, ni se le espera”. Entonces el encuentro cambió significativamente de color y el graderío comenzó a temerse lo peor.

Un Mallorca a medio gas comenzó a dominar el balón y a llegar a puerta con excesiva facilidad, y aunque vengan dispuestos a llevarse un punto, si les ofrecen los tres, no van a decir que no. En el minuto 82 Julio Álvarez recoge un pase de Webó por la izquierda, penetra en el área, se planta ante Justo Villar e incrusta el balón en la red por encima del paraguayo.

Aquí ya no hay nada que ver. El público ya lo ha visto todo y comienza a abandonar el estadio en silencio. Ya ni pitos, ni recriminaciones. Sólo rostros apesadumbrados. O lo que es peor, de resignación. Porque el Valladolid parece tener miedo a ganar, y mientras permanezca ese temor, el único destino que les espera es el descenso.

Imagen | El norte de Castilla.

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