K.O.

8 febrero 2010 por

Valencia y Zaragoza hunden al Real Valladolid en los puestos de descenso.
Villa celebra su tanto.
Ayer, sobre el césped de Mestalla quedó claro que el problema del Real Valladolid no era Mendilibar. Tampoco lo es Onésimo, claro. El problema del Real Valladolid ahora mismo es el equipo en sí mismo. Una plantilla pésimamente confeccionada, que para más inri se ha intentado apuntalar de una manera impropia, y un responsable técnico que en cuanto empezaron los problemas se quitó de en medio y descargó todas las culpas sobre el entrenador.

Viendo a Mathieu se explica uno que no jugara Del Horno en el Valencia. Y viendo a Medunjanin como titular parece consecuente que el extinto Mendilibar le dejara siempre para los últimos minutos, como medida de emergencia. Viendo el juego del equipo se comprende que hay conceptos básicos que el Valladolid, o no maneja, o ha perdido. Y por ahí se marchan los encuentros. Porque claro, una cosa es no saber ceder un balón al portero y otra muy diferente permitir que David Villa, ni más ni menos, remate sólo media docena de veces.

Onésimo Sánchez.

Onésimo no pudo debutar con buen pie en la Primera división. El Valencia fue superior y ganó con facilidad.

La victoria del Valencia fue clara y contudente. Si el Pucela no encajó una goleada fue por la colosal actuación de Justo Villar, cada día más sentado e imponente en la portería vallisoletana, y porque los delanteros locales, Mata, Silva, Pablo Hernández y Villa, no estuvieron finos en el remate. Llegaron al área del Real Valladolid con una facilidad pasmosa, pero remataron fuera casi siempre y, cuando lo hicieron entre los tres palos, allí apareció Villar.

Justo Villar paró todo lo parable y algún remate casi imparable. Todo menos dos tiros, un obús de Banega desde fuera del área, que nació en el minuto 8 tras una pérdida de Haris al tratar de salir con el balón jugado, y un cabezazo de Villa veinte minutos después, en uno de los muchos remates a bocajarro que la defensa vallisoletana concedió en uno de sus innumerables errores colectivos.

Con una hora por delante y el partido resuelto, el Valencia da un pasito atrás, regala algo de espacio y permite que el adversario respire. Sin que cree peligro, eso sí. En todo el encuentro. ¿Cómo es eso posible? Pues una vez más, la comparación da la clave. El Valencia roba y sus hombres de arriba salen lanzados como flechas al ataque. El Real Valladolid roba y Medunjanin, por ejemplo, sale andando. Tan despacio que Pedro López le adelanta como un obús. Tan lento que cuando quiere dar un pase profundo ya no tiene una sola línea sin tapar.

El bosnio es una metáfora de los males del equipo. Descolocado, descentrado, sin ganas, sin fuerzas, con los brazos caídos. Hace dos amagos, pisa un poquito el balón y pone un centro indecente. Se desinfla, como el resto del equipo. El ardor del centro del campo se desmorona con dos toques del rival. Banega, Silva, Banega, apertura a la banda, zas. Ya está resuelto el frágil enredo blanquivioleta. La cuenta no sube del 2-0 porque Mata y Villa se han puesto las botas del revés. Pero eso tiene arreglo. Lo del Real Valladolid, con sus errores infantiles y su actitud desmoronada, resulta algo más complicado. Y cada vez queda menos tiempo.

Entre un carrusel inagotable de ocasiones de gol por parte del Valencia sólo caben rescatar tres chispazos de Diego Costa. Uno en la primera parte, abortado por un fuera de juego inexistente, y que le impidió plantarse ante César, y dos más en la segunda: un mano a mano con César que nació de una mala cesión de Pablo Hernández a su portero que interceptó el delantero, aunque resolvió mal con la zurda; y una escapada por la derecha tras un magnífico pase de Keko, que sacó Marchena en el último suspiro por tardar en armar el disparo cuando estaba en una posición inmejorable.

Y para colmo, lo inesperado. En la jornada del domingo el Real Zaragoza vence en la Romareda a todo un Sevilla para adelantarse y teñir de rojo al Valladolid en la clasificación. Toca trabajar, mucho, bien y rápido. No hay tiempo que perder. El domingo llegará a nuestro campo en un partido a muerte por ese ansiado puesto 17 que nos aleje del descenso, y que el Zaragoza defenderá con uñas y dientes.

Vía | Canal Pucela.

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