La historia se repite

15 febrero 2009 por

El Real Valladolid permite la remontada de un Almería con todo en su contra.
Sesma en una jugada contra el Almería
El Real Valladolid regresó derrotado y abochornado. Con la cabeza gacha y llena de chichones después de darse de cabezazos contra las paredes del vestuario. Pensando una y otra vez en esa jugada, en ese pase al rival que supuso el tercer gol, en ese primer tanto medio tonto que da alas a un rival muerto. En ese 0-2 desperdiciado de la manera más incomprensible. «Esto nos va a servir para aprender», decían los jugadores tras el 4-3 de Soria. Pues no. No han aprendido.

El Valladolid no lo ha tenido tan fácil nunca desde que regresó a Primera. Con 2-0, ante un rival noqueado y necesitado, que además sufrió el arbitraje pesadísimo de Muñiz Fernández, empeñado en ver faltas en cada roce. El asturiano expulsó a ¡dos jugadores! del Almería por roja directa. Nada menos. Y aun así el Almería empató con diez y ganó el partido con nueve.

Lo peor, con todo, fue la forma. El Real Valladolid había gobernado con comodidad la primera mitad. Tapando bien las líneas de pase del Almería, sin dejarle jugar y contragolpeando con mucho peligro por ambas bandas. Tras una falta en la frontal llegó el primer golazo de Pedro León, y a los pocos minutos contragolpe bien llevado y gol de Goitom tras varios rebotes.

Así, con todo a favor, dio comienzo la segunda parte y el Real Valladolid pierde el norte y concede al rival los huecos que antes no tuvo. El 1-2 llegó en una jugada de ésas que parecen intrascendentes, pero que te complican la vida. E incluso a los dos minutos Muñiz Fernández le mostró la roja a Bruno, suficiente como para minimizar los efectos del gol. No fue así.

La roja pica el orgullo al Almería, se viene arriba, meten un balón al segundo palo y Kalu Uche se cuelga de un hilo, queda suspendido en el aire unos segundos y cabecea a la red. Si el 1-2 trae la paranoia a los blanquivioletas, el 2-2 los arrastra a la depresión, al abismo de las inseguridades. Pierde la concentración, el sitio y hasta las fuerzas. Justo Villar sale de la portería a un despeje junto a Luis Prieto. No se ponen de acuerdo. Ni para ti, ni para mí. Para Negredo. Y el 3-2 sube al marcador.

Los ojos, como platos. Las bocas, abiertas. Las cabezas, gachas. La historia se repite.

Vía | El norte de Castilla.

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