Contra molinos de viento

4 abril 2009 por

El Real Valladolid presentó batalla, pero nada pudo hacer por detener al lider.
Etó e Iniesta celebran el gol del camerunes.
Pues no basta con trabajar tácticamente como animales durante noventa minutos. Ni siquiera empleando los términos de Alberto Marcos, con comportarse como machotes ante un Barcelona que toca el balón como los ángeles. Un despiste. Un balón robado. Eso es todo lo que necesita el Barça para zanjar un partido.

El mayor problema del Real Valladolid cuando se enfrenta al Barcelona es su similitud defensiva. Manejan los mismos conceptos. Presión adelantada, líneas muy juntas y una obsesión por robar lo más cerca posible del área rival. Lo que ocurre es que el Barcelona, cuando roba, tiene cerca del área a Eto’o, Iniesta y Xavi, por ejemplo, y guardándoles las espaldas a Keita y Sergio Busquets.

El Valladolid, en cambio, se presentó con Sesma y Aguirre. El canario está muy lejos de su mejor momento, y hace ya varias jornadas que padece el ‘síndrome del mendrugo’ con el que Mendilibar ha bautizado a Pedro León en unas recientes declaraciones.

Al murciano le salva el balón parado. A Sesma, su entrega en defensa. Pero con eso no basta. Ni él ni Aguirre (las migas del mendrugo, por lo poco que ha mostrado hasta ahora) nunca intentaron el uno contra uno, ni ante Puyol, ni ante Sylvinho.

El Barcelona, puede que cansado, puede que reservón, se sintió dueño de la pelota, a pesar de que tampoco mostró esa superioridad aplastante de otras tardes ligueras. La tuvo, aunque siempre muy acosado por la defensa blanquivioleta, que hizo un esfuerzo titánico en la primera parte.

La ventaja en este caso era que el Barça tampoco estaba para mucho derroche físico, con muchos jugadores recién bajados del avión, así que la segunda parte resultó más nivelada. Partía el Valladolid con el disgusto de haber encajado el 0-1 en el minuto 40, en una de esas jugadas que maldices cien veces cuando la ves por televisión. Eto’o le robó el balón a Marcos, entregó a Xavi, que le devolvió la pared por encima de los centrales, y remató por encima de la salida de Sergio Asenjo, que no pudo mantener la portería a cero el día de su reencuentro con la titularidad.

Lo positivo del asunto es que el Valladolid nunca desconectó del partido. Siguió buscando el empate, muchas veces frustrado por no tener el balón. Porque cuando lo tenía no podía aguantarlo, y se veía obligado a soltarlo en largo con demasiada premura. No decayó su ánimo, que además encontró un aliado en los cambios de los dos interiores.

Tras una temporada de ostracismo, Escudero y Ogbeche pusieron el descaro de quien no tiene nada que perder, y brillaron los dos. Escudero creó problemas a Puyol, que fue relevado por Alves para tapar la sangría. Dos acciones eléctricas, con detallito técnico incluido, parecieron acercar el empate. Ogbeche daba guerra arriba, peleaba y daba motivos para la preocupación a Pep Guardiola.

No había nada que perder. Se podía lograr un empate épico, y el Valladolid se entregó a ello con todo el alma. Persiguió sombras cuando tocaban Xavi, Busquets, Keita y Messi, peleó por alto con los colosos Márquez y Piqué y puso a prueba a Valdés, el hombre que quería cobrar como Casillas sin ser él (ni por asomo).

Y la tuvo. De la manera más simple. Saque de Sergio Asenjo a Pedro López, a la altura del área grande pero pegado a la banda derecha. La mata con un toque. Mira, centra para la entrada de Ogbeche y Valdés se anticipa por los pelos. El sueño se esfumaba. El Barça no estuvo bien, dirán hoy los medios. Quizá el Valladolid no le dejó. Salvo una sola vez, la del gol.

Vía | Canal Pucela.

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