Aún hay espacio para la esperanza

14 abril 2010 por

Valladolid se reconcilia con su público imponiéndose al Sevilla con buen fútbol.
Borja alza los brazos victorioso.
Durante ochenta minutos, el Real Valladolid borró literalmente del campo a un Sevilla desdibujado que, durante la primera parte, no tiró a puerta ni una sola vez, y además, con un once titular claramente defensivo, los vallisoletanos dispusieron de más ocasiones de gol que en toda la temporada.

Clemente dispuso una línea defensiva de cinco hombres y dio una premisa clara: cuando ellos ataquen, quiero a todos defendiendo. Y así fue. En cuanto el Sevilla tocaba el balón, una nube de jugadores blanquivioleta se cernía sobre ellos acosándolos hasta hacerles perder la pelota, y de inmediato, subían con rapidez para sorprender a la defensa hispalense.

Esa actitud propició que los chicos de Clemente acosaron la portería de Palop sin descanso desde los primeros minutos, disfrutando de claras oportunidades para adelantarse en el marcador, como la de Nauzet enviando el balón al graderío cuando se quedó solo ante el cancerbero hispalense.

Las buenas vibraciones que ofrecía el juego del Real Valladolid lograron que los aficionados blanquivioletas animaron sin descanso a sus jugadores. Atrás quedaron los reproches, las silbidos y los disgustos. Ayer tocaba disfrutar. De modo que cuando, a cinco minutos del descanso, Diego Costa se reencontró con el gol tras cabecear a la red una falta servida en bandeja por Nauzet, Zorrilla estalló en una explosión de júbilo.

La ocasión lo merecía, porque el Valladolid llevaba cuarenta minutos haciendo mérito para ello, y Zorrilla por fin podía celebrar un tanto tan necesario como ansiado. Un tanto que permitía a su público soñar con que la permanencia todavía era posible.

Se esperaba que tras el descanso, el Sevilla saliera a por el encuentro. Pero no fue así. El Valladolid continuó dominando y disfrutando de ocasiones, y en una gran internada de Costa, el brasileño que pudo haber pasado a Barragán a su izquierda, decidió aguantar un poco más el balón y atraer así a defensas y portero para después retrasar el balón a su derecha, para que Manucho pudiera empujarlo al fondo de la red sin obstáculo alguno.

Pero el Sevilla, a pesar de ser la sombra del Sevilla, sigue teniendo unos hombres que tienen una calidad innegable. Y claro, estos aparecieron en los minutos finales del encuentro. En el minuto 83 llegó Cala desde fuera del área y lanzó un zapatazo que se coló por toda la escuadra sin que Jacobo pudiera hacer nada por evitarlo. Un tanto que dejó enmudecido Zorrilla y le metió el miedo en el cuerpo. Pero la réplica pucelana no tardaría ni un minuto en llegar, y Marquitos tuvo en sus botas la ocasión de poner tierra por medio. ¡Lástima que su lanzamiento se fuera por la línea de fondo!

Los últimos diez minutos del encuentro se convirtieron en un agónico sin vivir, en el que un desfallecido Valladolid intentaba mantener a raya los envites de un Sevilla que se afanaba por empatar, y la ocasión la tuvo Javi Navas, pero un acertado Jacobo ganó la batalla en el mano a mano.

El partido concluyó con una estruendosa pitada a un colegiado, que se resistía a señalar el final. Pero cuando al fin sonó el silbato, una gran ovación resonó en el estadio, en agradecimiento a unos jugadores que han echado el resto, que han hecho disfrutar a su público, y que, además, han sabido ganar.

Vía | La-crónica.es

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