Gran éxito popular y para el paladar

18 enero 2010 por

Gamonal abrió ayer el calendario de las fiestas burgalesas recordando una tradición de siglos.
Reparto de Titos 2010.
El olor del guiso llegaba hasta el altar de la ‘catedral’ de Gamonal, la iglesia Real y Antigua, a la que le reventaban las góticas costuras de tanta gente como quiso acercarse a la misa en honor al santo. Al otro lado de la calle Vitoria, las enormes ollas en las que se guisaban los titos con sus ajos y sus pimientos calahorranos no podían hacer otra cosa sino esparcir su aroma por todo el barrio. Era día de fiesta.

Se sabía que era más que un domingo por eso, por el repiquetear de las campanas, las capas de los cofrades de San Antón y los pasodobles de la banda Los Faraones que con sus uniformes rojos pusieron algo de color a una jornada que se levantó tan gris como las piedras de la portada del templo, necesitadas, por cierto, de una buena sesión de limpieza.

Durante la ceremonia, se recordó que hay que ser sensibles a las necesidades de los que nos rodean, pues tal es la enseñanza de Jesús. El oficiante no echó en el olvido a quienes sufren la terrible tragedia del terremoto de Haití «pero también hay gente a nuestro lado que está necesitada de un saludo, de un cariño, de una visita, de una ayuda».

Evacuado el trámite religioso, se procedió a la bendición de los animales en la puerta misma de la iglesia y con intervención del personal de Protección Civil por aquello de las aglomeraciones: Dos hermosos gorrinos (que después se sortearon) y varios perros y gatos que acogieron con sorpresa y un cierto mosqueo el momento en el que sus bigotes se empapaban con el agua lanzada con brío por el oficiante, fueron los protagonistas.

Y al ritmo de pasodoble, cofrades, concejales y pueblo llano cruzaron la calle y se dispusieron a probar el plato del día. Después de una leve crisis provocada por la intención de la masa de entrar en el recinto, se recuperó la normalidad y el orden de una cola en la que algunos llevaban desde las nueve de la mañana.

Llevarse un par de ollas con los auténticos titos de Villasidro y un poco de pan era el objetivo. Para que un año más se cumpliera hicieron falta 5.000 kilos de esta pequeña legumbre (muy apreciada en tiempos de hambre, como se sabe), 2.500 guindillas, 2.500 pimientos, 300 litros de aceite, 300 kilos de ajo y cebolla, 50 kilos de pimentón y laurel. Total: 22.000 raciones de las que no quedaron ni las raspas.

Vía | Diario de Burgos.

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