Con los pies mojados

15 enero 2010 por

Una histórica crecida del Ubierna inunda Sotopalacios.
El Ubierna inunda Sotopalacios.
A las 3 de la madrugada el Ubierna no aguantó más y dijo basta. Cansado de soportar diariamente lluvia y nieve durante semanas y amagar con varias crecidas sin consecuencias, la fuerza de las aguas sobrepasó el límite del cauce y en lugar de anegar las tierras de cultivo optó por echarse sobre las calles del pueblo.

Sotopalacios se sobresaltó de madrugada con los pies mojados mientras el agua buscaba salida en los bajos de las casas, las lonjas y los negocios. Desde la carretera de Santander hacia el río todo era agua. Medio metro de altura en las calles más bajas y todo el pueblo intentando la frustante tarea de parar a la naturaleza o al menos frenar su empuje.

La de ayer fue una crecida como no recuerdan ni los más viejos del lugar pese a que ellos están acostumbrados a que el Ubierna se les desboque. Pero lo normal es que inunde las fincas y no el asfalto, el hormigón, las aceras, las puertas y las baldosas.

Algunos de los experimentados vecinos culpan a la falta de limpieza del río, otros a su reciente dragado, otros a una urbanización construida en los últimos años junto al cauce que ejerce de efecto presa por haberse levantado unos metros por encima del nivel natural del terreno. Y otros simplemente se resignan, saben que hacía décadas que no caía tanta agua y tan seguida, y reclaman una reflexión para al menos evitar desastres así en el futuro.

Las imágenes que ofrecía Sotopalacios desde primera hora de la mañana evidenciaban la gravedad de la situación. Sacos de tierra protegían la entrada a numerosos garajes y hasta a la puerta de la iglesia. Un nutrido grupo de voluntarios, algunos directamente damnificados por la inundación, se movilizaba para buscar bombas de achique, tablones y excavadoras intentando paliar los efectos de la riada.

Dentro de las casas, donde ni los propios vecinos se atrevían a mirar, los daños eran cuantiosos. Hombres y mujeres de mediana edad salían a la calle a ayudar o hacer fotos, bien para el recuerdo o bien para el seguro, porque nunca está de más tener pruebas de que la casa se te ha inundado por mucho que las marcas de agua así lo atestigüen. Entretanto, los mayores contemplaban el paisaje desde los pisos altos, a salvo de las aguas y esperando mejores días para pasear.

Los negocios del pueblo también tendrán que echar cuentas en los próximos días. Tanto el restaurante Sotopalacios como la Casa de los Tiros, así como la fábrica de morcillas Águeda González, sufrieron la inundación de sus salones y tardarán varios días en recuperar la normalidad. Los pesimistas hablan incluso de semanas para arreglar los desperfectos.

Pero Sotopalacios no es el único. Los habitantes de Villadiego también han visto cómo las aguas del Brulles se metían en sus casas, y Villaveta se encuentra incomunicada por la crecida del Odra. Y así, otras tantas localidades de la provincia miran con recelo sus ríos, como por ejemplo el Ebro, que triplica su caudal a su paso por Miranda.

Vía | Diario de Burgos.

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