Caracoles a la llauna

27 abril 2012 por

Para algunos se trata de un manjar algo delicado e incluso repugnante debido a la textura del caracol y sus babas, pero para otros es un plato digno de saborear e incluso es un plato típico en la gastronomía catalana.

Los romanos ya criaban caracoles en huertos llamados coclearias aunque hay datos que reflejan que mucho antes ya eran parte de nuestra alimentación. Recordemos que el caracol común de tierra pertenece a la misma familia que ostras, almejas, vieiras e incluso pulpos, por tanto no es de extrañar que forme parte de nuestra gastronomia.

Existen muchas regiones de España donde el caracol forme parte de la cultura gastronómica regional: Álava, La Rioja, Vizcaya o Cataluña entre muchas otras. Incluso fuera de nuestras fronteras como es el caso de Francia, los caracoles son un manjar muy preciado.

Antes de cocinarlos, los caracoles deben de estar al menos una semana en ayunas para quitarles cualquier rastro de sabor o substancias nocivas que puedan haber ingerido en el campo. Es lo que se suele llamar purgar los caracoles, para ello se peuden dejar colgados en una red o envueltos en un paño, cambiándolos a menudo a otro limpio.

Una vez pasado el tiempo de ayuno hay que limpiarlos. Para ello existe el falso mito de que deben sumergirse en sal y vinagre, pero esto produce el efecto contrario al deseado provocando que los caracoles suelten aún más mucosidad.

Para limpiarlos bien, tan solo hay que lavarlos con abundante agua varias veces. Si los caracoles están cerrados tendremos que hacer un pequeño agujero en el tabique que cierra la concha para que así pueda entrar el agua bien.

Para hacer los caracoles a la llauna necesitamos una llauna. Si no disponemos de ella podemos usar una sartén o parrilla aptas para horno aunque se pierde la gracia de la presentación.

Disponemos los caracoles encima con la parte carnosa hacía arriba y lo cubrimos con sal gorda, lo ponemos en el horno a temperatura muy fuerte e incluso con grill y los dejamos un rato.

Pasados unos cinco minutos los sacamos y los rocíamos con una picada de ajo, aceite y perejil, previamente preparada, en cantidad abundante. También podemos ponerles pimienta negra al gusto.

Se vuelven a meter en el horno y se vigilan hasta que la parte carnosa adquiera un color dorado, lo que indica que ya los podemos retirar del horno.

Para servirlos podemos acompañar con un buen all i oli hecho con aceite de oliva, aunque servidos solos también estarán muy ricos.

Espero que os haya gustado esta receta, poco a poco os iremos poniendo algunas de las más destacadas de la cocina catalana tradicional.

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